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“…pruebas de que el idioma español todavía sabe bailar y cantar…”
Octavio Paz
Tócate, empínate y talla
sobre un rostro de mujer
el vaso que pudo ser
lo que ahora grita y calla.
Que no en vano Solavaya
tiene madera de espina,
que no en vano Macorina
ha cerrado los balcones
y los plátanos pintones
siguen llorando a Rufina.
La orgía
La noche huele a sexos torrenciales:
machos, hembras, arbustos y animales
gimen, sudan, irradian, se consumen
en el lienzo infinito de sus pieles
que dibujan, cual lúbricos pinceles,
la magnitud de Dios, y su volumen:
Él cabe en mí, en ti, en ella, en todos:
es saliva, hoja, savia, leche: modos
de cópula, de azar, de ley ardiente:
la de esculpir, hacer, echar simiente
donde el aire, en su prisa, se derrama:
fatigosa carrera de retorno
hacia el origen único: el contorno
de la orgía perpetua que nos llama.
Desnudarte delante de un pintor
fue tu manera de acceder al Arte:
en parte por calor, también en parte
por mostrarle tus dotes, seductor.
Con barniz bermellón quiso pintarte
entre papayas, trazos de color
descubrieron tu piel al resplandor
de las frutas, anaranjado Marte.
De tu pinga que empina papalote
parte un hilo hacia un cúmulo de gualda
que declina en el borde de un mogote.
Sucesivos reflejos de esmeralda
y de fucsia recorren el lingote
y resbalan después sobre tu espalda.
Muchacha, déjate guiar por el pánico
pero no dejes de sentirlo,
no desperdicies la oportunidad
de consagrar tu cuerpo.
Que el temor te ilumine.
Tú no naciste para menos.
Dos toneles
Dos viejos toneles puestos al borde de un muelle en un país de agua.
En las noches de fin de año se abren las puertas y ventanas
y la gente lanza su agua de impurezas.
Un país que se limpia por medio del agua lanzada a la calle.
Los toneles son llevados con sumo cuidado
por hombres duchos en ese oficio de arrastrarse.
La gente se despoja de sus maleficios bajo el estado común
del delirio.
Desde la cocina hasta los portales es empujada la suciedad
de todo un año.
Mujeres y hombres descalzos y mojados moviendo de un lugar
a otro grandes escobas mágicas.
Los toneles son muy pesados y resistentes al embate del mar
y los vientos,
hasta allí llegan a hacer sus discursos los líderes del desengaño,
al menos son dos las caras de los oradores opuestos
con sus pies y tobillos amarrados a las improvisadas tarimas.
Nadie deberá repetir los dolores de cada año.
Nadie podrá escapar del agua limpia.
aNadie volverá a ser el mismo.
Nadie desatará sus cuerdas.
Nadie dejará de escuchar los discursos.
Terminado el rito sobreviene un poco de silencio,
los toneles son retirados a su debido momento,
las casas poco a poco se van cerrando,
el muelle es un sueño que penetra en el mar y traspasa
el horizonte.
Los golpes
Hace ya mucho tiempo ahora es muy difícil precisarlo
yo descubría el mundo bajo el mismo cristal usado y transparente
con que se ve la gloria.
Nada pretendía y nada sucedió que no estuviera definido entre
el bien o el mal.
Yo imitaba a lo héroes con la vieja confianza que da la mansedumbre,
con su oscura prudencia.
No conocía aún la insensatez de las muchachas:
si alguna noche imaginé o entendí algo, fue apenas un rubor.
Yo tenía un pupitre, una voz agradable, una ciudad dispuesta.
Los maestros tocaban mis espaldas y decían: muy bien.
Todo era hermoso, desde el primer ministro hasta la muerte de
mi padre.
Y perfecto, como debían ser los hombres y la Patria.
Pero eso fue hace tiempo, hace ya mucho tiempo y ahora es muy
difícil precisarlo.
Por el camino de La Fe
Un modesto poblado, La Fe. Existe. Una mañana, en bicicleta. Un mogote, una loma asomada, caprichosa, redonda, en medio del camino. El camino le da la vuelta, luego. Pedaleamos, mientras tanto, hacia la loma que va creciendo, alternando texturas vegetales y de piedra desnuda.
A la manera de los paisajes de Arcimboldo, parece que toda aquella complicación de follajes suntuosamente festoneados, de yerbales translúcidos, de peñascos veteados en matices de gris, va a resolverse, súbita, en las líneas de un rostro. Cuando el rostro está a punto de formarse, la loma queda atrás.
Por el camino de La Fe, a la manera de Arcimboldo, una loma parece decidida a mostrarnos un rostro, y no lo muestra, o tal vez nos lo muestra y no lo distinguimos.
Todos hablan de la libertad
roja como un tomate
triste como una prostituta
en La Habana, en Viena, en Africa
hablan con la boca llena de libertad
por aire, por mar, en los muelles lúgubres
en los libros, en los clubes nocturnos
la libertad es esto y es lo otro
tal vez un beso
o un leve mareo
algo distinto.
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