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Comentario Editorial
Escribir un libro de décimas poblado por Rinquincalla y Quirino con su Tres, por guasasas, jicoteas, cocuyos y papalotes, por la Macorina, la múcura y “el arroyo que murmura”, pudo pasar por un suicidio poético en 1981. Hoy quizás deba señalarse como los primeros pasos de la poesía cubana allende la modernidad. En Mañas de la poesía está el cambio radical en la actitud hacia el pasado que marca a no pocos de nuestros poetas hoy: heredar con la misma vocación creativa con la que los modernos se propusieron innovar. Innovar sin negar ni reiterar: dialogando; haciendo de los límites una virtud y un tributo. Desenfado, gracia, juego, fluir verbal hacia el origen. Regreso a un país sin culpa, al territorio de la infancia.
De la crítica
Aquellos poemas me impresionaron inmediatamente por su inventiva, su frescura, su desparpajo y su rigor. Lo más fácil y lo más difícil, como jugar tenis con pelotas que se vuelven pájaros, conejos y aviones diminutos. Juguetes vivos: andantes, cantantes y volantes. Pensé en el Gerardo Diego de Fábula de Equis y Zeda o en los sonetos y décimas de José Lezama Lima. Baile del lenguaje, vacaciones del sentido común, soberanía del disparate, rey vestido de suntuosos ropajes transparentes que dejan verlo en lo que es: otra transparencia. Los poemas de González Esteva son más frescos y más insolentes que los de sus predecesores: están hechos con aire pero también con una materia explosiva que hace estallar en pleno vuelo a todas las metáforas.
Octavio Paz
Del lector
Un espacio para su opinión.
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